San Simón

Antecedentes históricos
Al despuntar el medioevo, a escasos cien años de que Constantino reconociera el poder de la iglesia cristiana dentro del Estado, surge en Siria la figura de San Simón (o Simeón) el Estilita que habría de dominar el Medio Oriente e imponerse en Europa. Su representación simbólica -la del hombre que permanece en el capitel de una columna durante cuarenta y dos años, dedicado al ayuno, la penitencia y la contemplación- alimenta la mentalidad del ámbito cristiano, y es una de las síntesis más claras de la división entre mente y cuerpo que habría de influir sobre el mundo venidero. El sometimiento corporal como medio para alcanzar la purificación, presente en numerosas religiones de la antigüedad, logra aquí una de sus expresiones más contundentes, tanto así que la iglesia dedicada a Simón (Calah Siman, en Siria) fue una de las más bellas y originales del imperio bizantino: enclavada en la cima de una cordillera, se integró con cuatro basílicas en forma de cruz, cubiertas por una bóveda enorme. Durante varios siglos, emperadores, reyes y jerarcas eclesiásticos desfilaron por esos muros para rendir tributo al extraño Simón, quien ideara el silicio (que toma su nombre de Silicia, región natal del santo) y cuyos métodos de expiación habrían de difundirse y generar seguidores que, siguiendo sus pasos, también se refugiaron en columnas para alejarse de las tentaciones.

Consideraciones conceptuales
Interesada en la escisión de cuerpo y mente, y en los cambios en las percepciones corporales, hacia fines del año 2000, comencé a investigar la iconografía sobre Simón el Estilita, así como otras derivaciones similares. No obstante, centré mi investigación en el santo sirio y en las dualidades derivadas de esta concepción de espiritualidad y tentación; carnalidad y contemplación, que se abren a reflexiones sobre la imagen corporal. El resultado es una exploración donde forma y materiales se han ido transformando, en la medida de las metamorfosis del propio personaje.

Mónica Ortega González